• Javiera Lizama

Hiperplasia Prostática Benigna

La hiperplasia benigna de próstata (HBP) es una de las patologías más comunes de los varones de edad avanzada. Con el envejecimiento de la población, su importancia ha aumentado, suponiendo un problema de salud importante que conlleva costes económicos muy elevados.


Es un proceso proliferativo benigno de la glándula prostática. Una de las causas más frecuentes de sintomatología del tracto urinario inferior en hombres mayores de 40 años, siendo la edad el principal factor de riesgo para desarrollarla.


Su manejo puede realizarse habitualmente en atención primaria, reservando la atención especializada a la aparición de sintomatología importante o de complicaciones.


Un adecuado manejo permitirá mejorar la calidad de vida del paciente.

*Gráfica proporcionada por GalenicumVitae


Síntomas

Los síntomas de tracto urinario inferior (STUI) relacionados con la HBP son:


  • Síntomas obstructivos (mecánicos o de vaciado): chorro débil, micción en regadera, chorro intermitente, retardo miccional, esfuerzo miccional, goteo terminal.

  • Síntomas irritativos (dinámicos o de llenado): polaquiuria o micciones de poca cantidad y frecuentes, nocturia, urgencia miccional, incontinencia de urgencia.

  • Síntomas posmiccionales: sensación de vaciado incompleto, goteo posmiccional.

Distinguir y clasificar correctamente los síntomas de vaciado vesical, el almacenamiento vesical y los síntomas posmiccionales, permitirá decidir el enfoque más adecuado para el tratamiento.


Diagnóstico:

El diagnóstico de la HBP es fundamentalmente clínico, mediante la valoración de los síntomas compatibles y la valoración del tamaño de la próstata.


  • Anamnesis: permite conocer la evolución de los síntomas, su gravedad (IPSS) y realizar un diagnóstico diferencial con otras patologías.

  • Exploración física general: que incluya el tacto rectal para valorar el tamaño prostático o la presencia de zonas induradas o irregulares, y la palpación abdominal que descarte masas o presencia de una vejiga dilatada (retención urinaria).

  • Análisis de orina: se recomienda además el análisis de sangre si existe sospecha de insuficiencia renal (determinación de creatinina sérica), así como el antígeno prostático específico (PSA), que debe solicitarse en todo paciente que consulte por sintomatología del tracto urinario inferior y tenga más de 50 años (o antes, a los 40-45 años, si hay antecedentes familiares de cáncer de próstata).


Otras exploraciones complementarias:

Puede ser necesaria la realización de otras exploraciones urológicas dirigidas a confirmar el diagnóstico, descartar complicaciones o tomar decisiones.

Son las siguientes:


  • Ecografía de aparato urinario: se realiza vía abdominal para valorar los riñones, los uréteres, la vejiga y la próstata (para descartar litiasis urinaria, divertículos vesicales, dilatación de vías urinarias, tumores renales o vesicales) y cuantificar el residuo posmiccional. El examen de la próstata por ecografía es más exacto cuando se hace vía rectal (ecografía transrectal).

  • Biopsia de la próstata: ante la sospecha de cáncer de próstata, puede estar indicada la toma de muestras vía transrectal guiada por ecografía.

  • Estudio urodinámico: permite valorar la funcionalidad de la vejiga urinaria a través de distintos parámetros, como son el flujo de orina que se produce con una contracción voluntaria de la vejiga, la capacidad de la vejiga o la presión que genera gracias al detrusor, el residuo tras la micción, la flujometría, etc.

  • Cistoscopia: se inserta un instrumento flexible y con luz (cistoscopio) dentro de la uretra, que le permite al médico ver el interior de la uretra y la vejiga.


¿Cuándo acudir al médico?

Debes considerar que a partir de los 40 años años de edad deben visitar a tu urólogo idealmente una vez al año.


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